Sofía levantó la mirada, observándome con una expresión perdida.
—Así podremos preguntarle directamente a los compañeros sobre la razón —le dije en voz baja para tranquilizarla. Sofía seguía desanimada: —En realidad, hoy también quería preguntarles, pero no puedo... —No puedo hablar —confesó. —Tranquila —le respondí—, con casos como el tuyo no se puede forzar nada: lo haremos poco a poco. —Algún día lo lograrás —añadí. Sofía asintió con fuerza: —¡Sí!
Lo que no le había dicho a su madre era que v