Iban en el auto de Osiris. Micah en el asiento del copiloto, Cielle e Idan detrás.
Movía el abogado nerviosamente su pie contra el suelo, jugaba con sus manos sobre su regazo y era incapaz de mirar la cara a su acompañante.
«¿Y si lo defraudo?»
Aquella pregunta inundaba su mente, sin dejarlo pensar en nada más. Tenía miedo de no ser capaz, de defraudar la confianza que Idan tenía en él. Se veía tan calmado el criminal, como si no estuviera a una hora de ser juzgado, como si su vida no dependi