—¿Cómo pudiste hacer eso, Larissa? —me pregunta Yinah, o más bien, me grita. Estaba roja de rabia—. ¿Cómo pudiste caer tan bajo? ¡Dios! ¡Ella tenía razón cuando me dijo que...! ¿Acaso no tienes vergüenza?
Esta vez frunzo el ceño y me atrevo a mirarla a los ojos. ¿Por qué diablos está actuando así? Se la pasaba diciéndome que me entendería y que no me jugaría... ¿Y ahora sale con esto?
—¿Disculpa? ¿Por qué estás reaccionando de este modo? —Estoy confundida. No sé por qué me estaba gritando de es