Después de aquel día, David y Erika nunca regresaron al centro de rehabilitación.
Los días allí pasaban despacio: rehabilitación por la mañana, medicamentos al mediodía y ayudar en el invernadero por la tarde.
Un año después, regresé de viaje a mi país porque quería visitar el orfanato donde crecí. La directora había envejecido bastante.
En cuanto me vio, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Qué bueno volver a verte.
Le dediqué una leve sonrisa.
El orfanato fue renovado. En el salón para niñ