CAPÍTULO 63: ¡JODIDAMENTE MÍO!
Lana sintió cómo sus sentidos comenzaban a traicionarla. La habitación parecía cerrarse a su alrededor, y su cuerpo, normalmente ágil y fuerte, se volvía pesado, como si el aire mismo se convirtiera en plomo. Miró a Enzo, que permanecía tranquilo, imperturbable.
—¿Qué me hiciste? —logró preguntar, su voz cargada de un miedo que intentó ocultar sin éxito—. ¿Qué me diste?
Enzo se levantó lentamente y caminó hacia ella con la seguridad de un depredador acercándose a