CAPÍTULO 49: ¿QUIÉN TE DIJO QUE PUEDES USAR SUS COSAS?
Enzo se pasó una mano por el cabello con impaciencia mientras miraba el reloj de su muñeca por tercera vez en menos de dos minutos. Se paró frente a la puerta del cuarto de Greta y golpeó con los nudillos y habló con la voz cargada de irritación.
—¿Cuánto más vas a tardar, Greta? No tenemos toda la noche.
Desde el otro lado de la puerta, la respuesta llegó casi en un murmullo, con un tono dulce que buscaba calmarlo.
—Ya casi estoy lista, En