CAPÍTULO 34: EL SECRETO REVELADO
Los ojos de Enzo siguieron a Lana hasta que su figura desapareció dentro del camión. De repente, una risa burlona resonó junto a su oído.
—Vaya, vaya… ¿acaso te has enamorado, Enzo? —susurró Iván, con un tono impregnado de burla.
Enzo apretó la mandíbula, pero no respondió.
—Tranquilo, amigo —continuó Iván, alzando las cejas con una sonrisa descarada—. Ahora que estaré más cerca de ella… quién sabe, tal vez yo tenga mejor suerte. Quizá pueda convencerla de que