CAPITULO 122: ¡NO TE ATREVAS A DEJARME!
Svetlana se quedó paralizada por un instante, el disparo aún resonando en su mente, pero cuando vio a Enzo desplomarse en el suelo, algo en su interior se rompió. Sus piernas reaccionaron antes que su mente, y salió corriendo hacia él, gritando con toda la fuerza de su alma:
—¡Enzo! ¡No! ¡Dios, no!
Se arrodilló a su lado y sus manos temblorosas buscaron su rostro. La camisa blanca de Enzo ahora era un lienzo rojo, con la sangre brotando de una herida en s