Robert siguió moviendo a aquel pequeño aparato sobre mi vientre, apretando de vez en cuando algunos botones de la máquina, viendo mi esposo y yo que estaba muy serio y no nos decía nada. Cuando ya apagó aquella máquina, el médico se quedó mirándonos, dándome la enfermera una toalla para que me limpiara, volviendo Mark y yo a la consulta junto con el médico, sentandonos en las sillas, esperando a que el médico nos dijera cómo iba mi embarazo
— Bueno Sofia, no te voy a engañar, hay que operar es