Cuando llegamos al restaurante, bajamos los dos del coche, acercandonos seguidamente a la puerta del restaurante, abriendola Mark y entrando los dos poniendo mi marido su mano en el hueco de mi espalda mientras nos dirigimos los dos hacia una mesa, sentandonos en las sillas, acercándose a nuestra mesa poco después unos de los camareros del local. Mark pidió una botella de vino, mirándome extrañado cuando le dije que yo no deseaba el vino,y que prefería que trajera para mi un refresco, aunque no