Capitulo 12

Cuando se abren las puertas, lo agarró del brazo y arrastro los pies.

—Sea lo que sea esto. ¡Por favor, Maximiliano! Sé que no estamos enamorados ni nada por el estilo, pero soy tu esposa. ¿Eso no significa nada?

Mis súplicas frenéticas hacen que se detenga justo antes de que pueda ver lo que me espera, y se gira, bloqueando mi vista de la habitación. Inclinándose, me besa suavemente en los labios y luego sonríe.

—No sé qué se te ha ocurrido en esa linda cabeza tuya, pero no te va a pasar nada
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