El delicioso aroma del pan tostado y la mantequilla recién derretida impregnaba el comedor principal. Isabella acababa de colocar sobre la mesa un plato de porcelana blanca con dos sándwiches de carne y verduras frescas, cuidadosamente preparados.
Junto al plato esperaba una taza de café negro bien caliente, el favorito de Liam, desprendiendo una fina columna de vapor.
El sonido firme de unos pasos descendiendo por la escalera rompió el silencio.
Liam apareció vestido con su ropa de trabajo. Ll