La yema del dedo de Claudine se detuvo a apenas unos milímetros del botón Publicar, que brillaba intensamente en la pantalla de su teléfono.
La comisura de sus labios se elevó lentamente, dibujando una sonrisa torcida cargada de rencor.
—Ahora... que toda España descubra la farsa que están representando.
Sin la menor vacilación, presionó el botón con firmeza.
La pantalla cambió de inmediato y mostró un ícono giratorio acompañado por un breve mensaje:
Subiendo...
Unos segundos después, apareció