El reloj estaba a punto de marcar las once de la noche.
El majestuoso salón de recepciones, que desde la tarde había estado lleno de risas, melodías de la orquesta y el murmullo de animadas conversaciones, comenzó poco a poco a vaciarse. Uno tras otro, los invitados se dirigían hacia la salida, despidiéndose de los recién casados.
—Que descansen.
—Que sean muy felices.
—Disfruten de su primera noche como esposos.
Aquellas felicitaciones acompañaban cada apretón de manos que recibían Liam e Isab