Liam, que hasta ese momento permanecía inmóvil en la terraza de la casa, reaccionó de golpe. Sin decir una sola palabra, bajó los escalones a grandes zancadas y corrió apresuradamente hacia el automóvil de Claudine.
—¡Liam! —lo llamó Claudine, desconcertada por aquella reacción.
Pero Liam ni siquiera le prestó atención.
En cuanto llegó frente a ella, le sujetó la muñeca con fuerza.
—¿Qué estás...?
Claudine no alcanzó a terminar la frase. Liam la arrastró bruscamente hasta la puerta del copiloto