La pantalla del monitor sobre el escritorio de Liam aún mostraba una serie de gráficos bursátiles y los últimos informes financieros trimestrales, pero la concentración del hombre se había desvanecido desde hacía una hora.
Liam se recostó en su silla de cuero, dejando que la costosa pluma entre sus dedos permaneciera inmóvil. Las palabras de Isabella en el despacho de su casa aquella mañana seguían resonando una y otra vez en su mente, como un eco molesto del que no podía deshacerse.
«Nuestro m