CAPÍTULO 102. Gemidos eróticos y salvajes
La suave caricia de la palma de Isabella fue ascendiendo lentamente, encendiendo un deseo desconocido que ahora ya no era capaz de rechazar.
El brillo oscuro de los ojos de Liam se intensificó. Ya no estaban llenos de ira ni de miedo, sino de un deseo profundo que lo impulsaba a volver a poseer a Isabella por completo.
Sin apartar la mirada de los ojos de Isabella, Liam deslizó la mano derecha por debajo de sus rodillas y sostuvo la espalda de la joven con la izquierda. Con un movimiento firme