11. Ginevra echa a Marianné de la mansión en ausencia de Remo
— Nonna…
La mujer sonrió y colocó una mano sobre su pecho, a la altura de su buen corazón.
— No tienes por qué decirme nada ahora, tu corazón ya lo ha hecho por ti — le dijo como conclusión antes de despedirse, dejando a Remo con una maraña de pensamientos, esos que habían sido de pronto invadidos por una mezcla de confusión e interrogantes respecto a Marianné.
Se dirigió a su habitación, presa de esa urgente necesidad que ella despertaba en él, pero, antes de abrir la puerta, Savino apareció