El hallazgo llegó en una tarde de sábado, cuando Rubi tenía trece años y había decidido que limpiar su habitación era preferible a estudiar para el examen de álgebra del lunes. Estaba metida hasta las rodillas en una avalancha de ropa que había olvidado existía, excavando a través de capas de su propia historia adolescente, cuando sus dedos rozaron algo que no era tela.
Un sobre. Amarillento en los bordes por tres años de estar escondido entre suéteres que ya no le quedaban. Su nombre escrito e