El neón de la ciudad proyectaba largas sombras gélidas tras el ventanal. Maxton estaba sentado en la penumbra de su escritorio, jugueteando con una pesada pluma estilográfica de color negro puro. En ese momento, un punto rojo en la pantalla de su computadora marcaba con precisión una coordenada oculta en Osaka, Japón.
Era el último escondite del criminal que había secuestrado a Rubi y que lo había extorsionado dos veces.
—Te encontré —susurró Maxton para sí mismo. Su voz no tenía altibajos, per