Maxton no le dio a Carla ni un segundo para cambiarse.
Ella seguía vestida con aquel traje de chaqueta gris oscuro, de corte impecable y líneas severas, calzada con unos finos tacones de piel de cordero. En las oficinas de cristal del distrito financiero, ese atuendo era una armadura de élite; pero mientras era empujada violentamente dentro del Aston Martin negro, rumbo a las zonas sombrías donde la luz de la ciudad no llegaba, la ropa parecía más bien un sudario cargado de ironía.
El paisaje t