Íker Denaro
El vuelo se me hizo eterno; sabía que estaríamos en la madrugada en Nueva York, pero jamás pensé que me pesaría tanto el viaje. Apenas tocamos tierra, todo comenzó a complicarse. Nuestro equipaje no estaba aún procesado y otro avión estaba aterrizando en la pista privada. Medio personal salió a atenderlos y me di cuenta de que se trataba de don Rogelio. Él venía con más personas, pero cuando distinguí de quién se trataba, quise enterrarme vivo en ese mismo minuto.
No dije nada, bajé