Esmeralda
Veía una y otra vez la pantalla de mi portátil y no lo podía creer; mis amigas dormían en mi misma habitación. La crisis que habíamos tenido la noche anterior fue grupal; cada una tenía una verdad no contada, cada una tenía un fantasma nuevo en su lista. En mi caso, fue un esposo; un maldito, estúpido y manipulador esposo.
Suspiré y me dejé caer en mi cama. Rubí me abrazaba automáticamente, aun bajo mi propia presión. Podía recordar las primeras noches aquí; ella despertaba gritando y