Íker Denaro
El recorrido desde mis oficinas hasta el vestíbulo del edificio se me hizo eterno. Ella estaba aquí, no podía dejarlo pasar. Esmeralda estaba aquí; un cúmulo de sensaciones y sentimientos se agolpaba en mi pecho, sentía que iba a explotar. Había demasiadas preguntas en mi cabeza.
De pronto se abrió el elevador y, para mi mala suerte, allí también estaba Milenka. Ella se puso de pie y caminó hacia mí, mientras que mi esposa se dirigía hacia la salida. Me apresuré a detenerla, pero la