El viejo reloj de pared en la esquina de la sala marcaba la una y cuarto. El constante tic, tac, tic, tac resonaba con nitidez en la penumbra de la noche, como si el tiempo avanzara sin importarle la angustia que consumía a una persona. El vaivén incesante de la aguja larga creaba un ritmo monótono que a veces resultaba arrullador, tapi para Bella esa noche, aquel sonido se sentía como un martilleo constante que golpeaba su cabeza.
Fuera de la ventana, la brisa nocturna soplaba suavemente, agi