El hospital general de Ashford Falls se sentía más concurrido que de costumbre esa mañana.
El constante ir y venir de las enfermeras por el pasillo, el rítmico murmullo de los monitores médicos, los murmullos entrelazados entre pacientes y doctores, junto al suave rodar de las camillas sobre el suelo de cerámica, componían una atmósfera febril pero rigurosamente ordenada. El penetrante olor a antiséptico y medicamentos impregnaba cada rincón, una constante ineludible de cualquier hospital.
Chri