—Mario está muerto señor.
Dice uno de los hombres con capucha.
—Maldito imbécil, nunca debí de confiar en él.
Dice el hombre apretando los puños con fuerza.
—¿Qué hacemos señor?
—Limpien todo y revisen las cámaras de seguridad, hay que encontrar a los responsables.
—Las cámaras fueron destruidas señor… No queda evidencia de nada.
El hombre frunce el ceño y pone una de sus manos en su mentón.
—No quieren que nadie sepa su identidad… Ya veo.
Dice con una sonrisa y se marcha.
LUCIANA :
El