Ricardo Punto de Vista
Finalmente, pude recuperar la visión y el enfoque, así que miré a Melissa, de espaldas sobre su escritorio. Se llevó las dos manos a los ojos.
—Oh, Dios mío, no puedo creer que haya hecho esto.
Yo tampoco podía, pero no podía arrepentirme de haberlo hecho. Por supuesto, había empezado la casa por el tejado. Se suponía que tendría que haber mantenido una discusión con ella primero antes de cogerla. Me retiré de su interior y le tendí la mano para ayudarla a levantarse. Ell