Su expresión parecía ansiosa pero esperanzada.
—¿Significa eso que te casarás conmigo?
—Sí, Ricardo, me casaré contigo.
Deslizó el anillo en mi dedo y luego me rodeó con sus brazos y me hizo girar. Me besó con ganas y no recordaba haber sido nunca tan feliz.
—¿Cuándo has hecho todo esto? —pregunté cuando por fin pude respirar.
—Ayer.
Mis cejas se alzaron hasta difuminarse con mi cabello.
—¿Ayer?
—Ya era dueño del edificio, pero no había imaginado qué quería hacer con él. Y ayer me vino tan clar