48. UN BESO DE CASTIGO
Capítulo cuarenta y ocho: Un beso de castigo
Teresa miró a su esposo sorprendida. Sabía que no podría confesarle la verdad, no podía decirle que a pesar de todo lo que había hecho y dicho, había descubierto que todavía lo amaba y que deseaba que tuviera éxito, aunque ella no pudiera compartirlo con él.
—Pensé que un buen detalle exigía otro por mi parte... —respondió Teresa encogiéndose de hombros—. Me prometiste que le enseñarías mi trabajo a Andreas Constanidou...
—¿Y pensaste que no lo haría