Playa.
Aarón no comprendía el extraño comportamiento de la novia de su jefe, pero en su mente sí tenía algo seguro y era el hecho de que debía salir de esa habitación, antes de sucumbir ante el deseo.
—Señorita, por favor, ¿podría dejarme ir?—pidió Aarón.
—¿A qué le tienes miedo?—dijo Laura en un tono seductor.
Ella llevaba puesta una diminuta lencería, la cual había comprado especialmente para lucirlo para Eduardo, pero este había preferido marcharse y dejar tirada.
Aarón tensó la mandíbula al ver c