Los sentimientos de Eduardo.
Dahiana.
Podía sentir la mirada del señor Triana en mí, no me incomodaba, todo lo contrario, sentía que mi zona íntima se humedece solo con eso.
—Bueno, que tenga buena noche—dijo despidiéndose de mí.
No quería que se fuera, pero tampoco tenía excusa para retenerlo.
—Muchas gracias por todo y felicidades —dije.
Sonrió y asintió. No sé en qué momento, o mejor dicho, de dónde salieron unos niños que se aproximaron a nosotros a toda velocidad, ellos reían y saltaban emocionados por ingresar a la p