En la mañana siguiente, los incesantes timbrazos del timbre despiertan bruscamente a Rebecca. Aún somnolienta y desorientada, se levanta y se dirige a la puerta con pasos vacilantes.
– André, ¿qué estás haciendo aquí? – Pregunta al abrir la puerta, revelando sorpresa en su expresión.
– Becca, vinieron a hablar contigo. ¿Cómo estás? Sabes que no estás sola, ¿verdad? – Dice André, su voz cargada de preocupación.
– ¿De qué estás hablando? – Pregunta, confundida, tratando de entender la situación.