Después de perder de vista a Rebecca, Alex lucha por contener el deseo de correr tras ella, abrazar y besar a la mujer que todavía ocupa un lugar en su corazón, a pesar de la inmensa distancia que los separa. Con determinación, vacía de un solo trago la dosis de whisky que había estado mirando durante largos minutos, se levanta y abandona el restaurante, llevando consigo el peso de las miradas perspicaces de sus amigos, que lo observan con preocupación.
– ¿Iría tras ella? – pregunta Sebastian,