Rebecca y Susan se despiertan la mañana siguiente con una resaca considerable y no pueden evitar reír al encontrarse con sus maquillajes corridos cuando se miran en el espejo, comenzando el día con un toque de humor.
– Dios mío, estoy terriblemente atrasada. – Rebecca se queja, sosteniendo la cabeza.
– Relájate, amiga. Si le das un beso a tu jefe, olvidará la tardanza. – Susan bromea, sacando risas de ambas.
– Susan, por favor. ¿Besar a mi jefe? ¿En serio? – Responde, riendo suavemente.
– Tú fu