Punto de vista de Hazel
El trayecto de vuelta a casa fueron los siete minutos más largos de mi vida.
Silas no dijo ni una palabra. Yo tampoco. El silencio entre nosotros no era de esos reconfortantes, de esos en los que uno se acurruca como en una manta calentita en una noche fría. Era otro tipo de silencio. De esos que te oprimen las costillas y te dificultan la respiración. De esos que te cortan la respiración.
Mantuve la mirada fija en la ventanilla del pasajero, observando cómo las faro