Color avellana
La puerta se cerró tras de mí con un clic, y me pegué a ella con todas mis fuerzas, como si pudiera aislarme del mundo. Como si, al presionar con la suficiente fuerza, la madera se fundiera con mi columna y me encerrara allí para siempre: lejos del pasillo, lejos de las escaleras, lejos de él.
Mis piernas cedieron antes de que tomara la decisión consciente de sentarme.
Me deslicé lentamente, la puerta áspera contra mis omóplatos, hasta que toqué el suelo. La alfombra era su