Color avellana
La comida había perdido por completo su atractivo. Los esponjosos huevos revueltos ahora parecían goma amarilla, y la tostada le sabía a ceniza en la boca. Hazel se sentó en el borde del sofá durante otros cinco minutos, limpiándose con fuerza el jugo de naranja pegajoso del muslo con una servilleta; tenía la piel enrojecida y muy sensible donde le había caído el líquido frío.
Podía oírlo en la cocina. El tintineo de un vaso. El murmullo del grifo. El sonido de su boca. Era ex