Color avellana
La alarma. Ni siquiera sonaba, pero su eco fantasmal y estridente resonó en la cabeza de Hazel, despertándola de un sueño profundo y sin sueños. La consciencia no regresó suavemente; la golpeó como un puñetazo. La alarma, la alarma, no la oí.
Antes incluso de que sus ojos se abrieran por completo para percibir la luz de la habitación, su cuerpo ya reaccionaba a la descarga de adrenalina pura e inalterada. Se incorporó de golpe, con el corazón latiéndole con un ritmo frenéti