El silencio reina en la habitación, la respiración de Ada es agitada, mientras que la de Grey, es pesada. Ese acercamiento provoca al hombre que desde que conoció a Ada y fijó su mirada en aquellos labios rosados y carnosos que incitan a ser besados de una manera feroz. Sin embargo, no hace nada indecente.
—suéltame por favor— le suplica Adamaris en susurro, porque por una extraña razón, está nerviosa en los brazos del Ceo
—Lo haré, si prometes no querer irte. Lo cual sería absurdo señora G