Tocan la puerta y el escolta se apresura a abrir. —¡Aquí tienes!— Lukian le entrega la maleta de dinero y el escolta mira una vez más a Alessandro
—¡Me has traicionado!— Alessandro cae de rodillas, no pudo soportarlo más, luego intenta disparar, pero sus dedos están perdiendo movilidad
—¡Largo y si haces algo indebido ya se donde vive tu esposa y su familia ¿Estamos?— lo sentencia Lukian
—sí señor y antes de irme, váyase al infierno señor Alessandro, usted abusó de mi trabajo, por fin puedo ser