OLIVIA
Una jodida cola en el banco, jueves y a última hora.
Patético.
No creo odiar a nadie, y creo odiar pocas cosas en el mundo, pero una de esas es ir al banco.
La única ventaja del día y de estar confinada a dicha tortura, es que el edificio bancario queda cerca de mi empleo. Entonces, cualquier escapada es posible. Y aunque en verdad pueda hacerlo, las horas y los días valen oro para mí.
Tenía el cheque en la mano, el mismo que me había dado mi jefe como “bonificación de cumpleaños”, una