CARLOS
Estaba molesto. Rayos, ¡estaba que hervía!
—¡Carlos!
—No. —Espérate un momento… —¡No!
Íbamos camino a mi carro y me paré en seco en plena acera para encararla.
—No sé qué diablos hacías en el restaurante, pero no fue ni un poquito buena idea. Ni un poquito.
—¿Por qué? —me retó—. ¿Porque sabías que esa mujer iba a estar allí?
—No me jodas ahora con eso, por favor. —Miré a todos lados buscando divinas providencias que me sacaran de esa rabieta.
—¿Por qué dices que no es buena idea que una