Punto de vista de Luis
Me incorporé y me pasé la mano por la cara para luego volver a inclinarme hacia adelante. Estaba incómodo, pero tenía que quedarme quieto.
"¡Uf!", gemí, mordiéndome la comisura de los labios.
Estuve sentado en el coche más tiempo del que pretendía. El motor en marcha, el aire acondicionado zumbando y la mano agarrando el volante con tanta fuerza que se me pusieron blancos los nudillos.
Durante los últimos diez minutos, más o menos, me repetí a mí mismo que no lo estaba es