Capítulo 22

Punto de vista de Julio

El sol del atardecer era suave, delicado, y teñía de oro las hojas del jardín.

Me recosté el pelo detrás de la oreja y me recosté en la silla de mimbre, con las piernas cruzadas y un libro abierto en el regazo que en realidad no estaba leyendo.

Después de que Mateo se marchara, Amada empezó a expresar su frustración por su distanciamiento.

Sentí el dolor en su voz y deseé poder hacer algo para ayudar, pero tenía las manos atadas.

Mateo no era alguien a quien se le pregun
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