Punto de vista de Julio
El sol del atardecer era suave, delicado, y teñía de oro las hojas del jardín.
Me recosté el pelo detrás de la oreja y me recosté en la silla de mimbre, con las piernas cruzadas y un libro abierto en el regazo que en realidad no estaba leyendo.
Después de que Mateo se marchara, Amada empezó a expresar su frustración por su distanciamiento.
Sentí el dolor en su voz y deseé poder hacer algo para ayudar, pero tenía las manos atadas.
Mateo no era alguien a quien se le pregun