Sarah salió de su oficina como horda que llevaba el diablo.
Taty se le fue detrás, intentando alcanzar sus pasos.
—Sarah, espera...no vayas tan rápido. — murmuró mientras caminaba más deprisa.
— Déjame.
— No hagas una escena. El Sr. Piettro está aquí.
—Pues con más razón me va a escuchar. Ese hombre recién llega. Él no es quién para pedir una oficina.
—Sarah... — le pidió con tono casi a ruego su asistente.
—Esta vez no vas a detenerme.
—Es que no lo entiendes. Él fue quien le dio el pe