Capítulo 10: Trazos de la verdad.
Hubo un silencio sepulcral en la cocina, se podía escuchar hasta el ruido de una aguja si llegase a caer. Nadie se atrevió a moverse, estaban demasiado asustados para siquiera parpadear. La tensión era palpable en el ambiente.
Alexander mantuvo su mirada fría sobre la cocinera, aparentemente impasible ante sus palabras. Su rostro era una máscara de piedra, sus labios una delgada línea que no revelaba ninguna emoción.
—¿Y por qué consideras que mi esposa Ludovica era mala? —preguntó, su voz tan