El sonido de la lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas de la mansión de los Kane. Dentro, el ambiente era tenso. En el estudio principal, iluminado solo por la luz suave de las lámparas, se encontraban dos hombres de negocios, serios, acostumbrados a cerrar tratos que movían mercados y fortunas. El Sr. Kane, con su porte firme, estaba sentado detrás de su amplio escritorio de caoba. Enfrente, Robert Williams, padre de Alice, se inclinaba hacia adelante, con una sonrisa calculadora en lo