Tamary recorría toda la casa buscando a su hijo, pero no encontraba ni rastro de Alejandro.
—Anghelo, Alejandro no está.
Su esposo sonrió con tranquilidad.
—Mi niña, ese pequeño diablillo tuyo debe estar con la señorita Daxia.
—Pero...
Anghelo tomó una de sus manos y la acarició con ternura.
—No te preocupes. Lo que Joseelo le dijo lo hizo reflexionar. Si ocurre algo importante, tarde o temprano nos enteraremos.
Le dio un beso en la frente antes de cambiar de tema.
—Ahora cuéntame, ¿cómo van la