―Debes hacerlo, hija… ―rogó Justine, tomando las manos de Daria entre las de ella.
La joven mujer sintió que su corazón era estrujado por pinzas ardientes, la bestia dentro de su ser se oponía con garras y colmillos contra la idea, sin embargo, no podía mirar a los ojos de su mamá y simplemente negarse.
¿Qué madre iba a aceptar la muerte de su retoño solo porque sí?
A pesar de todo, el proceso no fue sencillo. Rina, junto a dos mágissas y un taumaturgo, oficiaron el ritual; el hombre selecciona